Suelos limpios de verdad y sin dejarte la espalda
Llevo tantos años fregando suelos a cuatro patas que sé que, si una herramienta promete hacer el trabajo duro por mí, más le vale cumplir. El
Roborock F25 GT Gen 2 es uno de esos aparatos que parece respetar de verdad el valor de tu tiempo. En vez de pasar la escoba por la cocina para luego ir detrás con una fregona que solo reparte el agua sucia, esta máquina hace las dos cosas a la vez. Es robusta, tiene una potencia de succión de 20,000 Pa y un cepillo giratorio que recoge la arenilla y elimina la suciedad de una sola pasada.
Una de las cosas que me llamó la atención es su diseño reclinable a 180 grados. La mayoría de estos limpiadores verticales son demasiado aparatosos para llegar bajo los armarios de la cocina o las sillas bajas del comedor, pero este sí se mete en esos rincones estrechos donde el polvo se instala a vivir. Te quita las dudas a la hora de limpiar y, según mucha gente que lo ha probado, supone un salto importante respecto a la vieja rutina del cubo y la fregona. Viene especialmente bien en casas con niños o mascotas, donde el suelo parece estar siempre hecho un desastre.
Hablemos ahora de la suciedad más puñetera. La máquina tiene un sistema de doble rasqueta pensado para evitar que el rodillo se atasque con pelos, una queja habitual que oigo sobre aparatos peores. Si alguna vez te has sentado en el suelo con unas tijeras para cortar pelos enredados en el cepillo de la aspiradora, ya sabes por qué importa. Es una solución mecánica sencilla que evita muchos quebraderos de cabeza y mantiene el rendimiento de limpieza constante, en vez de dejar que decaiga a mitad del trabajo.
Es bastante fácil de manejar, aunque el manual que viene incluido se queda un poco corto. Puede que tengas que trastear unos minutos con los botones para cogerle el tranquillo, pero tampoco hace falta un máster. Una vez en marcha, avanza con algo de ayuda del rodillo motorizado, así que empujarla por el suelo se parece menos a hacer ejercicio y más a dar un paseo. Pesa lo suficiente para dar sensación de solidez, pero no tanto como para que necesites un quiropráctico después de recoger un poco.
Claro que no es una varita mágica. Hay que vigilar los depósitos de agua y vaciar el de agua sucia cuando se llena. Pero, comparado con el esfuerzo agotador de fregar a la antigua, es una mejora enorme. Se gana el sitio porque sustituye de verdad a otros dos trastos del armario de la limpieza, y ese tipo de cuentas prácticas me convencen.
Funciones que se hacen valer en una casa de verdad
La función estrella es el ciclo de autolimpieza a 90 grados Celsius y secado con aire caliente. No es un adorno de marketing sin más. A las bacterias les encanta una fregona húmeda, y pocas cosas estropean antes un suelo limpio que una herramienta de limpieza con olor a humedad y moho. Al limpiar el cepillo con calor y secarlo después, la máquina ayuda a evitar esos olores agrios que suelen aparecer en los aspiradores fregasuelos. Es un uso inteligente del calor que deja el aparato listo para el siguiente desastre sin que tengas que fregar el rodillo a mano en el fregadero.
La potencia de succión es de 20,000 Pa, más que suficiente para los suelos duros habituales, como baldosas, laminado o madera barnizada. No pretende ser un extractor industrial profesional, pero en casa cumple de sobra. Deja el suelo sorprendentemente seco, algo que se agradece mucho si estás acostumbrado a esperar una hora para volver a pisar la cocina. El acabado queda limpio y, en general, sin marcas, siempre que no te pases con el producto de limpieza.
La batería es el principal inconveniente. Dura unos 35 minutos, suficiente para dar una vuelta rápida por las zonas principales de la casa, pero no para limpiar a fondo una mansión de una tacada. Tarda unas cuatro horas en cargarse por completo, así que toca organizarse. Si eres de los que quieren limpiar toda la casa de arriba abajo del tirón, quizá acabes esperando a que la batería alcance tus ambiciones.