Análisis a fondo: ¿merece la pena este cargador?
Empezamos por el diseño. Es un ladrillo blanco. Innovador, lo sé. Pero oye, no grita “me han vendido esto en una furgoneta sospechosa” y encaja bastante bien con la estética de Apple. El tamaño compacto está bien, pero te juro que pesa menos que mi fe en la humanidad. Eso no tiene por qué ser malo, hasta que tu gato lo tira del escritorio.
En rendimiento, carga como si se acabara el mundo. Mi MacBook Pro pasó de “por favor no te mueras a mitad de la videollamada” a “puedo seguir procrastinando otra horita” en tiempo récord. El cable incluido es decente, pero es como ese amigo que dice que va a venir y luego desaparece. Se desconecta lo justo para ser molesto, pero no lo suficiente como para justificar una ruptura total.
Lo bueno, lo malo y lo ligeramente inquietante
La compatibilidad del cargador impresiona. Se lleva bien con MacBooks, iPads e incluso con mi teléfono Samsung. Pero aquí viene lo curioso: una noche juraría que lo escuché tararear. No un ruidito suave, sino un zumbido grave y sospechoso, como si estuviera tramando algo. Igual es solo “tecnología de carga avanzada”, o igual he visto demasiadas pelis de miedo. Tú decides.
¿Deberías comprarlo? (¿O mejor ahorras para terapia?)
Si estás cansado de los accesorios carísimos de Apple y no te importa vivir con un poco de angustia existencial, este cargador es un chollo. Es rápido, bastante fiable y no hace llorar a tu cuenta bancaria. Solo vigila ese cable y quizá duerme con un ojo abierto.