Más luz, menos sustos y la mitad de precio
Así que
Ring por fin ha decidido poner a dieta su Floodlight Cam 2K. No al dispositivo, sino al precio. Por una vez, no hablamos de un descuento testimonial que apenas da para un café. Es un 50 % de descuento de verdad, de esos que consiguen que aparte la vista de mi interminable desfile de especificaciones de cacharros y preste atención.
El mercado está saturado de cámaras para exteriores que prometen convertir el jardín en una fortaleza. La mayoría son un desastre, ensambladas con plástico barato y mucho humo publicitario.
Ring, pese a estar hasta en la sopa, suele ofrecer un hardware que sigue en su sitio y funcionando cuando hace falta, aunque su modelo de suscripción vaya vaciando la cartera gota a gota.
Para instalar esta bestia hay que sentirse más o menos cómodo con el cableado. Si tu idea de una mejora en casa es cambiar una bombilla, quizá sea mejor llamar a un profesional. Una vez montada, eso sí, hace exactamente lo que promete. Vigila el perímetro, ilumina a los repartidores que, por supuesto, no están robando tus paquetes y te manda avisos al móvil.
La resolución 2K supone una mejora agradable frente a los tiempos de la definición estándar, pero no esperes calidad cinematográfica. La ficha técnica dice 2K; la realidad, que basta y sobra para ver quién ronda la entrada a las tres de la mañana. El zoom está ahí, pero recuerda que el zoom digital viene a ser ampliar una imagen borrosa para que se vea más grande y aún más borrosa. Úsalo con moderación.
A mitad de precio, parece una oferta de verdad y no la típica liquidación de Amazon. Si llevas tiempo esperando para modernizar la iluminación y la seguridad exterior, seguramente esta sea tu mejor oportunidad. Asume eso sí que, una vez dentro del ecosistema
Ring, probablemente pagarás el servicio en la nube indefinidamente, salvo que te apetezca tener un pisapapeles muy caro.
Funciones que sí sirven para algo
Hablemos de los focos. Iluminan mucho. Muchísimo. De los que te dejan la retina achicharrada si los miras directamente. Si quieres disuadir a alguien que busca un rincón oscuro donde esconderse, esto es el sol en una caja. La detección de movimiento es la habitual de
Ring: funciona bastante bien, aunque puede señalar al gato del vecino o a una rama revoltosa si no ajustas bien las zonas.
La comunicación bidireccional es donde la cosa se pone interesante. Viene de perlas para gritarle al repartidor que deje el paquete detrás del cubo o decirle a un comercial que ahora mismo estás ocupado sin hacer absolutamente nada. El audio se oye lo bastante bien como para transmitir tu irritación, que es todo lo que uno necesita en una conversación en el porche.
Todo depende del plan Ring Protect. Puedes usar la cámara como sensor de movimiento básico, pero para recibir alertas «inteligentes», como distinguir a una persona de una ardilla, hay que pagar la suscripción. La clásica trampa tecnológica: compras el equipo, te quedas con él y luego pagas un alquiler a la nube para mantener las funciones activas. No es lo ideal, pero en esta categoría concreta de productos es prácticamente lo habitual.